
Como si de una siniestra tradición se tratara, cada vez que la justa protesta y la rebelión popular alcanza la calle, se produce la muerte “accidental” de un anarquista a manos de la policía. Será que la mala reputación de la que, según Brassens, hacen gala los libertarios, les convierte en víctimas propiciatorias para el panóptico social.
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