
Si bien es cierto que los tratamientos contra el virus son cada vez más efectivos, también hay que decir que los pacientes están condenados de por vida a ingerir fármacos de manera muy estricta con los consecuentes efectos secundarios que conllevan. Pues bien, para este último grupo de personas, los contagiados, hay buenas perspectivas. Por ejemplo, en España se está desarrollando una vacuna terapéutica basada en un virus inactivado del propio paciente. Su objetivo no es impedir el contagio, como decíamos, sino reducir la carga del virus hasta el punto de que el enfermo no necesite recibir durante toda la vida un tratamiento médico. Es lo que llaman la “inyección de la esperanza”.
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