viernes, 24 de octubre de 2008

La hora de la revolución de los ciudadanos.

En aquellas sociedades que alcanzaron un cierto nivel de dignidad social, la Grecia clásica y algunas experiencias solidarias del Renacimiento, el concepto de democracia siempre iba unido al de ciudad, que es lo mismo que decir democracia de proximidad, o sea, la única en la que es posible aunar la participación y el control. Demo-kratia, gobierno del pueblo, y polis, ciudad, son las dos variables indispensables de la convivencia entre libres e iguales. Y a partir de ahí, todo; de ahí para atrás, nada. La crisis financiera del primer mundo (¿crisis, qué crisis?, los “botines” no están en crisis) es, entre otras muchas faenas, la última estocada que una democracia sin demócratas (“lo llaman democracia y no lo es”) perpetra contra la de-mo-cra-cia sin aditivos ni colorantes.







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